viernes, 5 de junio de 2020

ANUNCIO FECHAS PRIMERAS COMUNIONES 2020


Queridos padres:

Os anunciamos por este medio las posibles fechas de las primeras comuniones de este año 2020, aún no celebradas por motivo del estado de alarma.

Nos han parecido las más oportunas, una vez pasado el periodo de verano, y comenzado el curso escolar, que siempre supone una "vuelta a la normalidad" y a la vida ordinaria.

Todo dependiendo, claro está, de la evolución de la enfermedad, que es imprevisible, pero eso el tiempo y las autoridades correspondientes lo dirán, y según nos marquen, los que se suponen saben de estas cosas, así obraremos nosotros como buenos ciudadanos.

Estás son las fechas:

26 SEPTIEMBRE: Grupos de Adelaida, Manoli Murillo, Magdalena

3 OCTUBRE: Grupos de  Julia, Lita, Carmen

10 OCTUBRE: Grupos de Marisa,Toñi, Meñi

17 OCTUBRE: Grupos de Manoli, Pilar

24 OCTUBRE: Grupos de M. Angeles,Toñi, Maribel

Cómo veis los grupos son de la misma manera y en el mismo orden que estaban previstos para el pasado mes de mayo.


LAS HAREMOS EN DOS TURNOS CADA SABADO para evitar mucha aglomeración en la iglesia, que es pequeña. Uno a las 11.15 y otro a las 12.30. 

Los grupos de cada sábado se dividirán de forma que haya los mismos niños en cada grupo, sin que nunca superen 15,  y con tiempo se avisará a cada familia a que hora corresponde a sus hijos.




.- Esto  de los dos turnos por sábado sería en el caso de que los grupos se mantengan con los mismos niños que estaba previsto hicieran la comunión, pues a lo mejor en algun caso no superan 15, por lo que se haría un solo turno.

.- Por el tema del “distanciamiento social”, que hay que mantener mientras no exista vacuna,  solo podrán  participar en la ceremonia los padres, hermanos y abuelos del comulgante. 

No podemos llenar la iglesia "hasta la barrera" como otras veces. Suponiendo de cada familia los padres, los abuelos paternos y materno, dos hermanos, podemos decir que  habrá ocho plazas por familia, que por un máximo de 15 niño por grupo, harían un aforo total de 120 personas (ahora solo es de 44), que esperemos esté permitido para esa fecha.

.- La ceremonia se celebrará con la dignidad que merece el sacramento pero evitando todo lo que suponga ensayos de los niños y reuniones grupales innecesarias. 

.- Si alguna familia considera que no puede en la fecha que le corresponde, el niño/a podrá recibir la comunión en cualquier misa de cualquier día, siempre que haya completado las catequesis, y haya recibido el sacramento de la penitencia, cosa que se hace en la semana anterior a la primera comunión.

COMUNICAD A LAS CATEQUISTAS ANTES DEL 1 DE JULIO CON QUE NIÑOS CONTAMOS.

CUALQUIER CASO "EXTRAORDINARIO" SE HABLARÁ CON EL PÁRROCO EN EL DESPACHO PARROQUIAL, NO POR TELEFONO (pues sin los "papeles" delante no se puede arreglar nada) 

HAY TEMAS QUE LAS CATEQUISTAS NO PUEDEN SOLUCIONAR. Y EL DE LAS "EXCEPCIONES" ES UNO DE ELLOS.

Y RECORDAD QUE TODO ES ESTE AÑO EXTRAORDINARIO, POR ESO NO BUSQUEMOS EL "COMO OTROS AÑOS" O EL "COMO SIEMPRE", PORQUE ES UN AÑO DISTINTO EN TODO. 

ESPERAMOS QUE  TODOS LO COMPRENDAN Y PERDONEN LAS COSAS QUE PUEDAN CAER O VENIR PEOR. BASTANTE SERÁ Y HAY QUE DAR MUCHAS  GRACIAS A DIOS QUE AL MENOS LOS NIÑOS PUEDAN RECIBIR LA COMUNIÓN EN EL AÑO QUE ESTABA PREVISTO.


HAY QUE COMPLETAR EN CASA  LA CATEQUESIS

Lamentablemente estas quedaron cortadas precisamente cuando los niños empezaban a preparar los temas propiamente dedicados a los dos sacramentos que iban a recibir. LA PENITENCIA Y LA EUCARISTÍA. Pero es necesario que los niños tengan unos conocimientos mínimos.

Las catequista harán llegar en los próximos días las preguntas del catecismo correspondientes a esos temas, que tendrán que saberse de memoria, lo cual comprobaran las catequistas en una reunión que tendrán con su grupo una vez comenzado el colegio, por lo que los padres tendréis que hacer de “catequistas” de vuestros hijos, cuidando que tengan todo bien aprendido, lo mismo que habéis hecho con las asignaturas del colegio. 

Hay un largo verano para ello, y serán poquitas cosas, pero tienen que estar muy bien aprendidas. 

Y ESPERAMOS ALGUNA PRESENCIA DE LAS FAMILIAS EN LA MISA DOMINICAL, PUES YA SE PUEDE IR A LA IGLESIA ¿O SOLO NOS VOLVEREMOS A VER EL DIA DE LA PRIMERA COMUNIÓN? 

Un saludo para todos, y especialmente a vuestros hijos, de las catequistas y el párroco.


Y PARA QUE SE TENGAN LAS COSAS CLARAS, Y CRITERIOS PARA OPINAR CON CONOCIMIENTO DE CAUSA, REMITO A A LOS SIGUIENTES DOCUMENTOS:









miércoles, 3 de junio de 2020

AQUELLO SI ERAN EPIDEMIAS


Hace unos días hemos celebrado la memoria de la Beata Matilde del Sagrado Corazón, figura insigne de la iglesia placentina, vinculada especialmente a Don Benito, pues aunque nació en Robledillo de la Vera y vivió su infancia, adolescencia y juventud en Béjar (ambas localidades del territorio diocesano), sin embargo fue Don Benito el lugar elegido por  Dios, para que “El Pensamiento”, como ella llamaba a la que sería su futura congregación, echara fuertes raíces, hasta convertirse en un árbol destinado a dar mucho fruto en el campo de la Iglesia.

En Don Benito además rindió su alma al Altísimo, un 17 de diciembre de 1902, unos meses después de aquel crimen que dio notoria y triste fama a la ciudad. Y aquí se veneran sus reliquias, en la capilla del Colegio Sagrado Corazón, por ella fundado.

Este año al celebrar la memoria de la beata, no he podido evitar traer a la memoria una “emergencia sanitaria” que vivió aquella primitiva y naciente comunidad de “azules” de Don Benito, con su fundadora a la cabeza: El cólera morbo de 1885. 

Repasando aquellos hechos, uno casi siente vergüenza de quejarse de lo que nosotros hemos vivido y “padecido”.

Había llegado Matilde a Don Benito providencialmente, como son todas las cosas de Dios, en 1876. Se había valido para ello la Providencia de un obispo de extraordinarias dotes de gobierno, santidad de vida y amor a la Iglesia diocesana que le había sido confiada, como fue Don Pedro Casas y Souto; y de una familia dombenitense que, haciendo gala de la extraordinaria generosidad calabazona, puso su hacienda al servicio de los más necesitados, tales fueron los hermanos Alguacil-Carrasco.



Unos años después de “arribar” a la que hoy con todo derecho es considerada “capital” de las Vegas Altas, en pleno verano de 1885, el cólera llamaba a las puertas de Don Benito, que iba a conocer uno de los episodios más negros de su historia. Dicen las crónicas de la época que solamente el día de Santiago –y me estoy refiriendo solamente a Don Benito-  murieron ¡39 personas! Cada jornada de aquel terrible verano fueron entre 15 o 20 los fallecidos, de tal manera que hubo que ampliar el cementerio, se acabaron los ataúdes, y los cadáveres eran llevados amontonados en carros al campo santo.

El archivo parroquial de Santiago, única y mamotrética parroquia entonces con 20.000 hab.(que entonces si eran casi todos católicos al menos de nombre) guarda ¡dos libros enteros de registro! con los fallecido por aquella epidemia, en total 537 persona, el 83% de las victimas mortales en Extremadura.

¿Se entiende ahora el por qué decía al principio que da vergüenza quejarse de lo que hemos “padecido”, y llamarlo “pandemia” aunque técnicamente lo sea?

En aquella situación dramática y terrible, M. Matilde y sus hermanas, con raíces aún muy superficiales en Don Benito, no se amedrentaron;  muy al contrario, la epidemia fue el crisol que purificó aquellas monjas, que la gente llamaba con el genérico nombre de “hermanas de la caridad” porque no sabían muy bien lo que eran, y que muy lejos de reservarse en su casa, se echaron a las calles con desprecio de sus vidas, porque sabían muy bien que la vida está en manos de Dios, y que no nos puede pasar nada que él no tenga previsto; y allí donde nadie se atrevía a entrar, entraban las “hermanas de la caridad” a llevar un poco de  consuelo, de salud y de dignidad.

El pueblo, que no es tonto y se da cuenta de las cosas, quedó edificado y admirado de la actitud de aquellas monjas de habito azul, pobre y remendado; y el ayuntamiento, como consta en las actas municipales tuvo que reconocer que:

 “… había tenido que apelar a los ángeles de esta vida de amarguras, las “hermana de la caridad” (sic), las cuales han levantado sentimiento de admiración de todos, penetraban con su dulzura evangélica en los hospitales, templo de la desgracia, y daban su esmerada y exquisita asistencia a los enfermos que allí se guarnecían afligidos por su desgracia”.

Si como decía Tertuliano, en la época de las persecuciones romanas, “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”, aquella epidemia dio su “mártir de la caridad” a la Congregación de Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada (como se llamaba entonces), para que creciera más vigorosa; esta “mártir” no fue otra que Sor María Briz Manzano, única de aquel grupo de Hijas de María que se presentó para oír misa en Santa María de Béjar el 19 de marzo de 1875, para después “encerrarse” en “Nazaret” y comenzar  a hacer realidad el “pensamiento” de Matilde.

Sor María Briz murió en Don Benito, contagiada del cólera por atender a los infestados, el 16 de julio de 1885 (¡que día tan bonito para nacer y morir!), no habiendo cumplido aún los 33 años; fue sin duda alguna para la naciente congregación “el grano de trigo que cae en tierra y muere, pero si muere da mucho fruto”.



Hoy nuestras condiciones de vida son otras, ciertamente: Las epidemias no se curan encendiendo hogueras por las calles, alimentadas de los enseres de las casas que se suponían contagiados, dejando si cabe más pobreza y peores condiciones de vida que las que ya había en muchos hogares; ni quemando azufre, provocando en las poblaciones un ambiente sumamente enrarecido y tétrico, que ya de por sí solo imprimía miedo. Que lejos todo esto de nuestras calles, desiertas estos días sí, pero convertidas todas las tardes a las ocho en una fiesta de balcones. Y nuestras despensas satisfechas de todo lo necesario para pasar de la mejor manera el “confinamiento” sin carencias de ningún tipo, que hasta han permitido multitud de chistes que tienen por tema los kilos "ganados" en estos meses.

La medicina de hoy y los medios hospitalarios nada tiene que ver –gracias a Dios-  con aquellas condiciones sociales y sanitarias de finales del siglo XIX.

Pero lo que si hay que reconocer es que nuestra fe es mucho más débil; vivimos tan esclavos del miedo a la muerte que hasta nos hacemos problemas de ir a la iglesia o comulgar, como si la Eucaristía que es Jesucristo mismo, que pasó por el mundo haciendo el bien y sanando enfermos, pudiera contagiarnos, y el Pan de Vida se convirtiera de vehículo de un virús de muerte. Cuanto perdón tenemos que pedirle al Señor, y cuanto hay que reparar por esa falta de fe en él y en su poder, y por tanta queja injustificada, sin pensar en los que lo pasan mucho peor que nosotros en países donde la pobreza es la autentica epidemia en la que nadie repara.

Y por eso le he pedido a la beata Matilde en su fiesta que nos libre de todos los miedos, porque el miedo no es de Dios; que nos enseñe a fiarnos más de él; y a no quejarnos nunca de nada, porque como dice Santa Teresa de Jesús el “no quejarse es el principio de la santidad”, y a la santidad es a lo único que estamos seguros que Dios nos llama a todos los bautizados.

Ojalá que pronto nuestra vida este del todo normalizada, para que podamos manifestar públicamente la fe sin las trabas que impone la situación.

Juan Manuel Miguel Sánchez
Párroco

(Algunas personas me han pedido que les hiciera llegar la homilía pronunciada este año en Santa María de Don Benito con motivo de la fiesta de la Beata Matilde.
Este texto es parte de la homilía, con algunos “arreglos” necesarios para publicarse a modo de entrada de este blog)