jueves, 28 de mayo de 2020

ACLARANDO DUDAS O COSAS QUE NADIE EXPLICA

¿HAY FECHAS O ÉPOCAS DETERMINADAS PARA RECIBIR LOS SACRAMENTOS?

Desde el principio ya digo que no. Rotundamente, no. En cuanto que los sacramentos son cauces ordinarios de la Gracia, necesarios para la salvación, no pueden estar limitados a ninguna condición temporal, y cuando se piden razonablemente nadie los puede negar.

Otra cosa es que, para algunos de ellos, la Iglesia, con el fin que su recepción sea más consciente y fructífera, “recomiende” unas determinadas condiciones para su celebración, que pueden consistir en una formación básica, o que se celebren en un determinado tiempo litúrgico como “época” más propicia, pastoral y catequéticamente hablando, o que se celebren unidos a otros fieles que desean lo mismo, para resaltar la dimensión comunitaria o darles un carácter más festivo y solemne.

Así por ejemplo, refiriéndonos ahora solo a los “tiempos”,  se “recomienda” no administrar el bautismo en Cuaresma; o  que a ser posible tampoco se celebre en este tiempo el sacramento del matrimonio, y que si se hace, se “advierta” a los novios del carácter penitencial del mismo (permítanme una sonrisa pensado que ¿para qué esa advertencia? ¿acaso suprimirán el postre o el baile?).

En lo referente a la primera comunión y a la confirmación, se “recomienda” que se administren en la Pascua (tiempo que va del Domingo de Resurrección al de Pentecostés), por tratarse de dos sacramentos eminentemente “pascuales”.

Pero todo estos no son más que eso, “recomendaciones”. Luego la realidad es la que es:

.- Son muy pocas las parroquias que “cierran la pila” durante la cuaresma (en Don Benito tengo que decir que sí es costumbre seguida por las cuatro parroquias).

.- No sé de ninguna parroquia que recomiende no casarse en cuaresma; e imagino que nadie que se haya casado en este tiempo penitencial, habrá sido invitado por su párroco a celebrar su boda con “austeridad cuaresmal”, pues hasta algún miembro de nuestra familia real contrajo matrimonio en plena cuaresma, sin que nada se notara en la misa (con varios obispos de por medio) ni en la mesa.

.- Con las primeras comuniones y confirmaciones hay que reconocer que sí somos más “cumplidores” de las “recomendaciones”, seguramente porque “el tiempo recomendado” para estos sacramentos es el de la Pascua Florida, que coincide en nuestro hemisferio con la estación de la primavera, y viene de “perilla”, pues el buen tiempo invita a la fiesta;  y, para más gozo, coincide  también con el final del “curso escolar”, que hemos adoptado en la Iglesia como referente temporal de casi todas las “actividades pastorales”, que saturan el curso, dejando libre los meses de verano.

Vuelvo a repetir que, en lo que se refiere al “tiempo” de su celebración, no hay más que “recomendaciones”. Yo mismo he “dado” la comunión a niños por diversos motivos en Julio, octubre o Navidad. Y no pasa absolutamente nada, siempre que el niño haya recibido la adecuada instrucción, acorde con su edad, según lo establecido por el Papa San Pío X, que fue el papa que admitió a los infantes a la mesa eucarística.

Igual que existe una "recomendación para el "tiempo" de los sacramentos, existe otra para el "dia de la semana" como el mas propicio para su celebración: EL DOMINGO, especialmente para aquellos que tienen un carácter “colectivo” y festivo.

Y esto es lo verdaderamente a mí me preocupa: La pérdida del sentido cristiano del domingo; no me refiero ahora a nivel de costumbres sociales, donde ya se han dado pasos agigantados para eliminar toda referencia cristiana del mismo, como en tantas otras cosas, sino dentro de la misma Iglesia, pues hace tiempo, que con "buena intención" -pienso-  nos hemos "cargado" el domingo.

Hay que reconocer que la cosa empezó hace cincuenta años, adelantado  la posibilidad del cumplimiento del precepto dominical a la tarde del sábado, como una concesión a aquellos que tenían dificultad para cumplir el precepto (cuando no hay ningún precepto que obligue siendo imposible su cumplimiento, como ha ocurrido durante la pandemia); pero si bien el deseo era loable, a lo que en realidad hemos llegado es a que hay más gente en misa el sábado por la tarde que el domingo, que es el día del Señor, que ha quedado para muchos católicos como un día de ocio sin referente religioso.

Es curioso, por ser sintomático, lo que se refiere al "día de la semana" recomendado para el sacramento del orden sacerdotal. El ritual, en su nº 22, “recomienda” que la ordenación del obispo (y por extensión de los sacerdotes) tenga lugar en domingo (u otro día festivo, preferentemente en una fiesta de los apóstoles), pero en los últimos años, los ordenandos han optado, generalmente, por la mañana del sábado; seguramente para que puedan participar el mayor número de sres. obispos y sacerdotes (cosa difícil un domingo), y puedan volver con cierta comodidad a sus lugares de origen para el cumplimiento de sus obligaciones dominicales; y también –por qué no- con el fin que 13TV pueda retransmitir la celebración, y así los fieles tengan la posibilidad de “ver” quien es su obispo.

Por estas mismas razones, salvadas las distancias, los padres de nuestros niños de comunión reclaman que las comuniones se celebren en sábado.  ¿Y quién - visto lo visto-  es el guapo que no cede ante el deseo, tan legítimo por lo menos como el de los obispos, de reunir más familiares y amigos en torno al neocomulgante?

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Con motivo del periodo de confinamiento y su emergencia sanitaria, en nuestra parroquia, casi todas las bodas se han pospuesto para el año que viene. Ningún bautizo se ha celebrado de los que estaban previstos, y ninguna familia ha venido al día de hoy a buscar una fecha para nuevos bautizos. Por el único sacramento, por el que parece haber mas "prisas", sin entender yo mucho el motivo, es por el de "la primera comunión"; prisas que se han disparado desde que hace unos días nuestro obispado emitiera una nota referente a la celebración de las mismas, y de las confirmaciones.

Hoy (cuando escribo esto) leo las declaraciones de un obispo escoces: 

“Si bien es maravilloso poder abrir nuestras parroquias, reconocemos que la vida parroquial no puede retornar rápidamente a la normalidad hasta que una vacuna o tratamiento estén habilitados. No esperamos que esto ocurra al menos hasta 2021”. 

Estoy de acuerdo con él, y me parece que “no saturar el calendario diocesano del próximo curso" (y por extensión el parroquial), debe ser para las diócesis y las parroquias una norma "profiláctica” de obligado cumplimiento, tanto como las alfombrillas de la puerta, el gel hidroalcohólico o las mascarillas, convertidas en un "cuasi sacramental" en algunos lugares.


Juan Manuel Miguel Sánchez
Párroco

jueves, 21 de mayo de 2020

¿ES OBLIGATORIO AHORA COMULGAR COMO QUIERA EL PARROCO?



Al comenzar la "nueva normalidad", y volver a la “normal” celebración del culto (que de normal tiene poco), una persona me ha felicitado vía wasap por lo "bien" que, según ella, se estaban cumpliendo en nuestra parroquia todos los "protocolos" que marcan las leyes; parte de esa felicitación, ciertamente, corresponde al párroco que, como "cabeza", tiene el deber de coordinar; pero otra parte, no menos pequeña de la felicitación, corresponde a los otros miembros del "cuerpo", que se han tomado muy en serio aquella consigna, atribuida a Alejandro Magno, que dice  "de la conducta de cada uno, depende el futuro de todos”. La cordial felicitación llevaba consigo tambien una coletilla: "...pero creo que la comunión debería darla solo en la mano, es muy peligroso en la boca". 

Agradecí muy de veras, como no puede ser de otra manera, y en la parte que me toca, la felicitación, porque sé que además viene del cariño, y de una justa preocupación; y respondí al "pero" de la única manera que se puede en el momento presente: “Lo siento, no tengo autoridad ni potestad para determinar cómo hay que comulgar, pues los fieles están en su derecho de comulgar como crean conveniente".

Siguen vigentes en las presentes circunstancias las formas legítimas de comulgar en la Iglesia Católica de rito romano, que para España son en la boca o en la mano; y en el tema de cómo administrar la comunión durante la Covic19, solo se ha dispuesto, de "rubrica", que el llamado “dialogo de entrega" (El Cuerpo de Cristo/Amen) se haga de forma general, el celebrante desinfecte sus manos con el famoso gel, y qué quien desee comulgar en la mano, lo haga sin guantes. Ni más ni menos. Todo lo demás, de cosecha propia.

Yo, como todo el mundo, tengo mis gustos y preferencias; unas cosas me gustan más y otras menos; también en lo que se refiere a "líneas" o "sensibilidades" eclesiales, como se dice ahora. Estoy en mi derecho, y nadie me lo puede impedir.  Pero desde luego, lo que no me he creído nunca, es que "yo soy la Iglesia", y que en “mi parroquia se hace lo que a mí me gusta".

He tratado de no imponer nunca "mis gustos" en lo que la Iglesia deja a la libre decisión de sus hijos, en las formas establecidas por ella misma; por eso, sin ningún problema, doy la comunión en la boca o en la mano; incluso he facilitado comulgar de rodillas a quien así quiere hacerlo, colocando el comulgatorio en su sitio, porque está en su derecho, y porque así es como se ha comulgado hasta hace cincuenta años, y como han comulgado todos los santos que en el mundo han sido.

Repito que tengo mis preferencias, claro; pero en esto, como en otras cosas, “mi gusto" me lo reservó para mí, y solo lo comparto con las personas que me han pedido consejo o parecer. Al pueblo encomendado a mi cuidado pastoral –que no mío-, cuando viene a tiro, de vez en cuando, le recuerdo las condiciones que pide el catecismo para comulgar bien (saber a quién recibimos, estar en gracia de Dios y guardar ayuno de una hora), y la forma de hacerlo con la dignidad externa que pide Sacramento tan sublime, pues la comunión no es un “alimento cualquiera”.

Es por todo lo dicho que no entiendo cómo desde algunos obispados, y en muchas parroquias, se haya impuesto aprovechando la pandemia, como única y exclusiva, la forma de comulgar en la mano. Así aparece en multitud de esos típicos cartelitos que han proliferado, con dibujos infantiloides, que las parroquias distribuyen abundantemente por las redes y cuelgan en los sufridos tablones de anuncios. Incluso hace unos días escuche por radio a un compañero explicar con mucha soltura, que hacerlo así era de obligado cumplimiento en su parroquia, sin más fundamento ni criterio que “me parece más higiénico, y el Señor dijo en la Ultima Cena tomad y comed…” (sic).

Hoy mismo leo en una fuente autorizada, de toda garantía y credibilidad, las declaraciones del Dr. Filippo María Boscia, 
https://infovaticana.com/2020/05/20/el-presidente-de-la-asociacion-de-medicos-catolicos-dice-que-la-comunion-en-la-mano-es-mas-contagiosa-que-la-comunion-en-la-lengua/
presidente de la Asociación Médica Católica Internacional (no precisamente un cualquiera), que afirma lo siguiente: “La comunión en la mano es más contagiosa que la comunión en la lengua”, fundamentado con razones su afirmación. Y resulta que yo no sé por qué, en materia de profilaxis, me fio más de un profesional de la medicina que de un cura… Como cura que soy, lo que sí sé, porque he dado miles de comuniones, es que –en contra de lo que pueda parecer- es más fácil entrar en contacto con la mano de alguien que con la lengua; no digamos cuando los que no saben comulgar con la mano, que no son pocos, te la “arrebatan” de la tuya, llevándose tus dedos por delante.

Sé que con esto no voy a convencer a nadie de nada; del mismo modo que estoy convencido, hace mucho, que para el que no quiere creer no le sirve ni que resucite un muerto.
Pero no es mi intención convencer a nadie de nada, solo pretendo fundamentar con argumentos mi forma de proceder, en consonancia con la Iglesia universal y no con “mis gustos”.

En el Cap. 5 de su primera epístola, el apóstol San Pedro exhorta a los presbíteros de esta manera: “Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana (…) no como déspotas sobre la heredad de Dios…”. En esta misma línea el Papa Francisco, sucesor de San Pedro,  no ha dejado a lo largo de todo su pontificado de denunciar el “clericalismo”, señalándolo como “el peor mal que puede tener hoy la Iglesia”; y una de sus más claras manifestaciones, a mi modo de entender, es confundir el “servicio” con el “despotismo”, comportarse en la diócesis (o parroquia) como “príncipes” o “patronos” (son expresiones del Papa), considerando al Pueblo de Dios en una permanente minoría de edad, o solo digno de tener en cuenta cuando hablan aquellos miembros cuya “ideología”, “línea” o “sensibilidad” coincide con la mía; que de esto sabemos mucho por aquí.

Tengamos mucho cuidado, porque “si a rio revuelto, ganancia de pescadores”, puede que haya quien esté aprovechando la triste situación del mundo para “hacer de su capa un sayo”, también en lo doctrinal-litúrgico-disciplinar.

No somos dueños, solo administradores de un tesoro del que tendremos que dar buena cuenta a Dios.

Juan Manuel Miguel Sánchez
Párroco