Las misas no son propiedad de cura que celebra, ni del pueblo que asiste o participa. Son de la Iglesia. Ningún sacerdote puede añadir, quitar, incluir, NADA A SU GUSTO. Tiene que atenerse a lo que pone en el misal, porque la misa no es suya. El cura que quiera una misa “suya”, a su gusto, debería advertir a los fieles que esa es “su” misa, no la de la Iglesia Católica.
El centro de
la misa es Cristo, y Cristo en el Calvario, no el sacerdote.
Partiendo de
estos presupuestos irrenunciables, aclaremos algunas cosas, aclaremos algunas cuestiones:
A. Cosas que son obligatorias para que haya una misa ”católica”:
1.- Lugar
digno -no
andemos celebrando en cualquier sitio por capricho o esnobismo-
2.- Altar
bien dispuesto y preparado: manteles, velas, adorno apropiado. No una mesa de camping donde luego
nos comemos la tortilla de patatas.
3.-Vasos
sagrados según
las normas litúrgicas.
4.- Misal
Romano y Leccionario apropiado.
5.- Ornamentos prescritos, que son: alba,
cíngulo, estola y… casulla (sí, casulla, aunque haga calor)
B. Cosas que no son obligatorias en las misas:
1.-Las moniciones (por regla
general cansinas e innecesarias)
2.- Cantar.
3.- Las procesiones interminables de
ofrendas en las que se ofrece todo y no se ofrece nada, porque todo es “simbólico”
y al acabar la misa cada uno se lleva lo suyo a su casa.
4.- La homilía en todas
las misas todos los días.
5.- El rito de la paz. Es el
rito menos importante de la misa (de hecho, no hay obligación de hacerlo) pero
actualmente es lo único que sabe hacer mucha gente en misa. No saben responder
nada, pero se deshace en saludos en el rito “potestativo” de la paz.
C. Cosas a las que tienen derecho los fieles que participan en misa:
1.- Los fieles tienen derecho a saber
qué se van a encontrar: una misa de treinta, de cuarenta minutos o de una
hora.
La misa
tiene su tiempo y su ritmo. Pasa en ocasiones que se dedica tanto tiempo a la homilía, que se compensa corriendo en
todo lo que viene después. Inmenso error
2.- Si es una misa si cantada hasta el
agotamiento o rezada.
3.- Que las grandes solemnidades
necesitan “solemnizarse”.
Para acabar
recordamos esta enseñanza de San Manuel González García en su obra “El abandono
de los sagrarios acompañados".
“La liturgia
es la Iglesia viviendo su fe, su adoración, su amor. El culto es el cuerpo
visible de la religión, y la liturgia es su expresión, sus gestos, sus modales,
su palabra.
La liturgia
es el dogma vivido y metido en lo más hondo de la vida de los creyentes,
enseñando autentica, intuitiva solemne y oficialmente, y puesto al alcance de
los rudos y abriendo horizontes sin fin a los sabios humildes”.
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Estoy convencido y he experimentado en mi vida que es verdad lo que recientemente ha dicho León XIV: que la liturgia es el principal "motor de evangelización"; y que cuándo se deja de celebrar la liturgia "católica" ya puede uno apuntarse a todas las platajuntas y movimientos por sinodales que sean, e ir a todos los cursos y cursillos habidos y por haber, que la fe se vuelve fría, la comunidad se debilita, y la persona pierde la fuente principal de la gracia y la alegría espiritual. No falla, es matemático.


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