Entre las cosas en las
que el obispo Casas y Souto hubo de poner orden en su diócesis, una, urgente y
necesaria, pues toca directamente al bien de las almas, fue lo que se llamó el
"arreglo parroquial", fruto del IX sínodo diocesano (1891), cuando
los sínodos (que no son un invento de ahora) y la "sinodalidad"
servían para cosas concretas y útiles. Las parroquias van surgiendo con el fin
de atender debidamente a los fieles allí donde estos moran.
En la diócesis de
Plasencia existía un desfase evidente entre feligresias y parroquias, mientras
poblaciones muy pequeñas, por razones de su pasado histórico, contaban con
varias parroquias con muy escasos feligreses, otros núcleos había crecido y
necesitaban una mayor atención pastoral. Este era el caso de Don Benito;
mientras que, por ejemplo, Medellín, con
1600 habitantes a finales del siglo XIX tenía cuatro parroquias históricas, Don
Benito, con 16.500 habitantes en las mismas fechas. sólo tenía una.
Así las cosas, el obispo
toma cartas en el asunto, decretando el "arreglo parroquial" que
entraría en vigor el 1 de julio de 1896, que suprimiria parroquias
innecesarias, y crearía otras nuevas,
acordes con la realidad poblacional, como es el caso de la nuestra.


